Las maletas sin dueño

Hay noticias que son tan impactantes cuando se producen que inmediatamente provocan un sobresalto en la vida de cualquiera aunque no te afecten personalmente. Es el caso de la reciente tragedia aérea de los Alpes que, por la extrema crueldad del protagonista y por la cercanía de los hechos nos ha puesto delante de las narices una realidad incontestable: las víctimas podíamos haber sido cualquiera de nosotros.

Inmediatamente me vino a la cabeza otra tragedia, la de Angrois, que sacudió la vida compostelana aquel fatídico 24 de julio del 2013 transformando los fuegos del Apóstol de una ciudad en fiestas por las luces de las docenas de ambulancias, bomberos y coches de policía que se desplazaban a toda velocidad de un lugar a otro convirtiéndose en estrellas intermitentes de la desgracia.

Aunque mi intención inicial aquella noche era ver los fuegos de artificio desde la plaza del Obradoiro, inmediatamente tuve que desplazarme a la ya tristemente famosa curva de A Grandeira para cubrir informativamente la tragedia y donde permanecí toda la noche en aquel macabro recuento de víctimas que no paraba de crecer a medida que pasaban las horas. Mucha gente me preguntó posteriormente por los recuerdos que guardo de aquella jornada que, obviamente, son muchos. Uno de ellos, los centenares de personas y vecinos que seguían los trabajos de rescate en los vagones en un respetuoso silencio sólo interrumpido por los ruídos de las enormes grúas desplazadas a la zona. De hecho, recuerdo, que a un compañero de prensa escrita le pidieron una frase de algún testigo que pudiese servir de titular para actualizar la página web de su periódico y coincidía conmigo en que era precisamente el silencio atónito de la gente, la mejor imagen de una ciudadanía que no daba crédito a lo que acababa de ocurrir.

Al margen de las escenas trágicas que todos tenemos en la cabeza de este desgraciado suceso, hoy me gustaría detenerme en una imagen que se me quedó grabada en la cabeza aquella noche: la de varias maletas que permanecieron tiradas durante horas en las vías del tren. Miré muchas veces para aquellas maletas, imaginándome que en su interior iría parte de la vida de muchas personas, desde su ropa y pertenencias más íntimas, hasta recuerdos de unas vacaciones o regalos para algún ser querido. Pensaba en si sus dueños estarían vivos o no y en si alguien podría abrir alguna vez más aquellas maletas convertidas en testigos mudos de la catástrofe.

A pesar del incesante trabajo de aquella noche, tuve también tiempo para reflexionar y para hacerme muchas preguntas como saber quién decide que tu vida puede acabar de repente. ¿El destino? ¿La mala suerte? Son factores incontrolables, en cualquier caso, y eso da mucho miedo. En la película “Match Point”, Woody Allen plantea de entrada esta reflexión: “Aquel que dijo, más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. En un partido, hay momentos en que la pelota golpea en el borde de la red y durante una fracción de segundo puede caer hacia delante o hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia adelante y ganas, o no lo hace, y pierdes”.

Cada día es un nuevo regalo, disfrutémoslo a tope. El pasado…ya es historia, y el futuro…aún no ha sido.

#accidente

#angrois

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3 comentarios en “Las maletas sin dueño

  1. No se puede vivir en el pasado tanto para añorar lo bueno como para seguir llorando lo malo, porque aunque nuestro pasado marcó de algún modo nuestra vida, como bien tu dices, querida Sofía, es historia. Para atrás sólo hay que mirar de vez en cuando, pero para coger impulso. La vida continúa y siempre hay que mirar hacia delante. Tengo un buen amigo que dice: “la vida no es perfecta”, y que razón tiene, y en ocasiones muy dura, pero a pesar de ello, que suerte tenemos de poder vivirla cada día, lucharla, disfrutarla y llorarla cuando toca.Creo que en la vida hay que tener suerte y vivir el momento presente y saber valorar todo lo bueno que ella nos ofrece, porque es cierto que el futuro aún está por llegar y lo que tenga que suceder sucederá.

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  2. Efectivamente, lo que tenga que suceder sucederá y aunque muchas veces no podemos decidir lo que nos pasa, sí como reaccionamos ante lo que nos pasa. Gracias por ayudarme a escribir este cuaderno

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  3. KARPE DIEM, no mires atras,lo que tiene que pasar pasara,aunque muchas veces nuestro futuro lo marcamos con nuestros actos,otras muchas esta en manos de otros,por es lo que hace de la vida una incognita imposible de despejar,cada dia es diferente. Gente que cruzas todos los dias,desconocidos y a la vez caras familiares,que un dia dejas de ver,que seria de ellos?,tal vez cogieron un maldito tren,o un avion sin piloto…su recuerdo dura unos minutos,para otras personas el resto de su vida,pero esta no acaba continua ,asi fue,es y seguira siendo

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