¡Que brillen las luciérnagas!

laluciernagaylaserpiente

¡Hoy voy a empezar con una fábula! Siempre me han encantado ya que de manera ocurrente dan alguna clave que puedes aplicar en tu día a día. Pero antes, voy a lanzar al aire una pregunta: ¿alguna vez os ha pasado que habiendo hecho algo meritorio en la vida, algo digno de elogio a tu juicio, hay personas que lejos de reconocértelo sólo ofrecen como respuesta silencio, apatía o intentan sacarte importancia? ¿Oigo algún sí?… ¡Allá va la fábula!

“Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba en desistir en su intento de alcanzarla. La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: ¿puedo hacerte tres preguntas?. No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente. Entonces dime, ¿pertenezco a tu cadena alimenticia? ¡No!, contestó la serpiente. ¿Yo te hice algún mal? ¡No!, volvió a responder. Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo? ¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente.

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos ¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo? Sencillo…porque hay gente que no soporta verte brillar. Cuando esto pase no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, continúa y sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte…porque tu luz seguirá intacta. Tu esencia permanecerá, pase lo que pase…Sé siempre auténtico, aunque tu luz moleste a los depredadores”.

En numerosas ocasiones me he preguntado por qué algunas personas llevan horriblemente mal el éxito ajeno e intentan hacerlo de menos a toda cosa, ocultarlo, o hacer mofa pública. Son comentarios hirientes que vienen disfrazados de bromas, consejos condescendientes o comparaciones malintencionadas que suelen empezar por las palabras “pues yo…” Un buen amigo me suele decir que no busque explicación racional a lo que él simplemente considera envidia en estado puro y que no hay mayor aplauso que intentar hacer pasar por cotidiano lo que realmente es extraordinario. También me provoca cierta repulsión atribuir al factor suerte lo que realmente es resultado de un enorme trabajo y esfuerzo.

Como ya he comentado en alguna ocasión, desde hace algunos meses practico artes marciales y ha sido una sorpresa para mi descubrir que el significado literal de las palabras Kung-fu no es más que trabajo duro. Alguien no es un buen guerrero porque haya tenido suerte o haya sido bendecido por la divinidad, sino porque ha practicado muchas muchas horas, se ha esforzado y cada gota de sudor se ha traducido en pequeños logros, en Katas cada vez más precisas y en técnicas de defensa y de ataque cada vez más complejas. Aunque pueda parecer paradójico, cuanto más entreno más me doy cuenta de que la fortaleza real no está en el músculo, ni en los golpes, ni en las patadas. Está en un uso combinado de corazón y cerebro que determina como encauzas los acontecimientos que ocurren en tu vida y en cómo gestionas las emociones que te producen.

Yo creo que nada es bueno o malo objetivamente. Es tu propia percepción lo que convierte ese hecho en bueno o malo tras juzgarlo de manera racional. Por tanto, que alguien no reconozca tu valía, no significa que no valgas. Sólo es la percepción de otra persona que puede ser más o menos sincera según sus propios intereses, complejos o limitaciones. No debes dejar que te afecte. Le darías más importancia a su opinión que a la tuya. Un puño puede venir directo hacia tu cara, pero tu puedes desviar su brazo, esquivar el ataque e incluso derribarlo en un contraataque.

El secreto mejor guardado de la historia de la humanidad es que sólo hay una persona en el mundo a la que puedes controlar: a ti mismo. Si te alias contigo y actúas desde la verdad (sea cual sea) sin autoengaños, eres invencible. Si te mientes a ti mismo, para “arreglar” una realidad que no te satisface puedes, quizás, engañar a tu mente. Jamás lo conseguirás con tu conciencia.

#envidia

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5 comentarios en “¡Que brillen las luciérnagas!

  1. Lo que no debe importar es la opinión de los demás sobre lo que tú haces o consigues, lo que debe primar son los objetivos que tú te marcas en tu vida y poner todos los medios para conseguirlos.
    En lo que se hace, uno debe buscar su satisfacción personal y no buscar la aprobación de los demás, al que le debe gustar es a ti mismo, ya se que es difícil, que a todo el mundo le gusta el reconocimiento, pero todos sabemos que con algunas personas eso es imposible.

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  2. El éxito nunca llega por casualidad, detrás del siempre hay esfuerzo, perseverancia y mucho mucho trabajo. La recompensa personal de ese trabajo bien hecho no tiene precio y le llena a uno de satisfacción.
    Aquellos que no son capaces de valorar esos esfuerzos, esa perseverancia y ese trabajo que hace que uno pueda brillar con luz propia, son gente vacía, insegura y que envidian esa luz que uno desprende, porque en su interior saben que ellos nunca serían capaces y que les falta de voluntad suficiente para lograrlo.
    Cuanto más moleste mi luz a los depredadores, brillaré con fuerza

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