Regalices rojos

¡Me encantan los regalices rojos! Es así. Lo admito. Y además me gustan todos: los alargados, los discos, los ladrillitos, los que tienen pica pica y los que no…en fin, una debilidad como otra cualquiera.

Recuerdo que cuando era pequeña, mi padre me daba cien pesetas todos los domingos para “mis gastos” (sí, soy lo suficientemente mayor como para recordar mi infancia en pesetas jajajaj). Cien pesetas que duraban un suspiro. Concretamente, el tiempo que tardaba en llegar al quiosco más cercano para gastarme todo en chuches. Eso sí que era vivir el presente. Mindfulness en estado puro.

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Ahora mismo no consigo recordar la cara de la quiosquera, pero sí la hago muy mayor, menudita y con mucha mucha paciencia. Tanta como para ir dándome chuche a chuche todo lo que yo le pedía y así exprimir al máximo mi dulce y golosa paga semanal: un regaliz, una nube, un chupa, un escalofrío, una dentadura de drácula, unos chicles barrilete…¡yo que sé!.

Frágil y selectiva memoria

Este es uno de los escasos recuerdos que tengo de mi infancia, porque la verdad no recuerdo demasiados episodios de mi vida de peque. Y me da rabia, porque me encantaría recordar trastadas de cuando tenía tres o cuatro años, pero la verdad es que no me acuerdo.

Muchas veces me he preguntado cómo funciona esto de la memoria, porque yo estoy convencida de que la altera nuestro propio estado de ánimo. ¿Nunca os ha pasado que cuando algo no va bien en vuestra vida, de repente parece que todo lo que recordamos son cosas malas? O al revés. Y de ahí llegan las generalidades de…”siempre me pasa lo mismo”…etc, etc.

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Y lo mismo pasa con algún recuerdo en concreto, que tanto lo recreamos, lo repensamos y le damos vueltas en la cabeza que al final es posible que lo que traemos a nuestra mente poco tenga que ver con lo que en realidad sucedió.

Y ya no digamos cuando se junta un grupo de gente y se recuerda algún hecho…y cada uno tiene una visión diferente. Muchas veces, completamente opuestas.

Ya lo dijo Lucía Etxebarría cuando escribió “Un milagro en equilibrio”:

“La realidad es multiforme y la memoria una farsante que interpreta el pasado según le da la gana, lo cual quiere decir que aunque una albergue la firme intención de contar las cosas tal y como fueron, siempre acabará contándolas tal y como las recuerda, que no es lo mismo”.

Y yo que tengo la sensación de que los regalices de hoy en día no saben tan ricos como los de antes. Claro que no sé si realmente es así, y yo tengo ese recuerdo de mi infancia alterado y guardado bajo un profundo amor, o sí realmente es así.

¡Madre mía! ¡Lo que puede dar de sí divagar sobre las chuches!

Ahora os dejo que tengo unos regalices esperándome. Y es que hay cosas que no cambian con la edad jajaja. Nos vemos pronto!!!

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