Volver

Volver, con la frente marchita

las nieves del tiempo platearon mi sien

sentir que es un soplo la vida

que veinte años no es nada…

“Volver” de Carlos Gardel

Hola a todos!

Sí, varios meses y unas vacaciones después, he vuelto al blog. Como podéis ver, hoy me he levantado con el corazón porteño, soñando con volver algún día a Buenos Aires. Un deseo que se ha acrecentado después de la visita a Galicia de mi prima a la que ya echo de menos. ¡Qué gallego no tiene familiares en Argentina! Yo no podía ser menos.

A pesar de que mi familia y yo intentamos que recorriese al máximo la geografía gallega en tiempo record, mi incansable prima (que regresa entrenada para correr una maratón si quiere) tuvo oportunidad también para ilustrarme con una auténtica masterclass sobre como preparar un buen mate.

Y yo que pensaba que sería como una especie de infusión…¡Ja, ja y ja! Preparar mate es todo un arte y requiere, en pocas palabras… calentar primero el agua (sin que hierva), luego echar un poco con la “pava” sobre la “yerba” para que empiece a hacerse, apretar la “yerba” con la “bombilla”, luego ir echando más agua…para luego ir bebiendo uno tras otro compartiendo “bombilla” y sin olvidar el pequeño detalle de que tiene que echar el agua la persona que invita al mate…No puedo confirmar que ya domine la técnica, pero bueno, beber se bebe.

mate

Tengo que confesar que, de entrada, me sabía un poco amargo, pero a día de hoy estoy ya enganchada. No sólo a su sabor, sino a todo el ritual que lo acompaña. Si algún día vuelvo a Argentina pasaré el examen de “argentinidad” seguro jajaja. Y hay que aprovechar porque, como decía Carlos Gardel, es un soplo la vida…Y después de esto, supongo que sólo me queda apuntarme a clases de tango no??? No lo descarto!

Bendita rutina

Pero volviendo a mi realidad compostelana, yo soy de las que suele coger vacaciones en agosto, por lo que estos días ando adaptándome a la operación retorno.

Puedo decir con orgullo que soy de las afortunadas que no sufro ningún síndrome depresivo por volver a la vida laboral. Primero porque me considero tremendamente suertuda por tener un trabajo en esta época en la que tanto escasean los empleos, fundamentalmente los estables.

Pero también porque intento (en la medida de lo posible, claro), disfrutar con lo que hago, no sólo en el trabajo, sino en el resto del día. Si tengo que limpiar la casa, me pongo mi música favorita; si no llueve, aprovecho para salir a correr; si el tiempo no acompaña miro recetas de cocina en internet y luego voy al super para comprar los ingredientes que me hagan falta para prepararme algo rico ( y a poder ser sano) o leo un libro, o me pongo a actualizar el blog, o lo que me apetezca.

Vive el momento

Como me dijo una amiga a la que quiero muchísimo (y que se reirá cuando lea esto) “No se puede esperar a mañana para ser feliz. Hay que ser feliz hoy“. A lo que yo añado: ni se puede esperar al fin de semana, ni a las vacaciones, ni a cuando me jubile, ni a cuando tenga dinero, ni a cuando los niños sean mayores, ni a cuando…(cada uno que ponga su razón). Más que nada porque ninguno de nosotros tiene el futuro asegurado, ni el levantarse mañana (aunque vivamos de espaldas a ello) por lo que cada día es una nueva oportunidad de encarar la vida con la mejor de las actitudes y una sonrisa de oreja a oreja.

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Y no, no vivo en las nubes. Sé que puedes pensar que la vida es muchas veces injusta (lo es) y que hay situaciones muy dolorosas que a menudo te impiden hacer lo que realmente desearías: una enfermedad propia o de una persona próxima, una pérdida sentimental o cualquier otro varapalo vital.

Pero aún en esas circunstancias adversas, cuando todo se ve muy negro, puedes elegir centrar tu atención y tus pensamientos en agradecer lo que sí tienes y en lo que sí funciona en vez de ver continuamente la botella medio vacía. Y si está medio vacía, quizás es responsabilidad tuya volver a llenarla y no vivir en la queja permanente. Pero claro, protestar es fácil y cómodo; intentar cambiar lo que no te gusta cuesta más y genera miedos.

Nos vemos prontito!!

También puedes seguirme en twitter @cuadernodesofia. Besos.

#volver #argentina #vueltaaltrabajo

 

 

 

 

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Pasmando

Hola!!!

Sí. Aquí sigo. Se que he tardado bastante es escribir desde el último post, pero es que he estado atareadísima en mi tiempo libre haciendo…mmmm….¡nada planificado! jajajaja. Pero nada de nada. Cero. Nothing de nothing. Como se suele decir habitualmente, tirada a la bartola, o como dice mi madre…¡pasmando!.

¡Y qué bien sienta! Se lo recomiendo a todo el mundo. Y no sé porque me da, que cada vez lo hacemos menos, víctimas de una especie de culpabilidad por no pasarnos el día realizando actividades productivas. Como sigamos así, vamos a acabar prohibiendo por ley el aburrimiento…¡cuando debería ser un derecho!.

nota

Hace unos días, leí un reportaje sobre el agobio que le produce a algunas personas estar de vacaciones, o que llegue el fin de semana, por no saber de antemano qué hacer con su tiempo libre. Según el reportaje, estas personas necesitan tener planificado, incluso con días de antelación, lo que van a hacer cuando llegue el sábado o el domingo, porque en caso contrario sienten una especie de vacío existencial.

Yo he estado pensando sobre ello y no creo que esta planificación se deba a un vacío existencial, sino al miedo a tener tiempo para reflexionar sobre una situación personal que no nos gusta (aunque esto no lo ponía el reportaje). Y, claro, pasa lo de siempre, en vez de ponernos manos a la obra para intentar cambiar eso que no nos gusta,  distraemos la mente para no pensar sobre ello; así evitas salir de tu zona de confort (que implica mucho valor y esfuerzo) y vivimos más cómodos. Aunque más infelices, porque en el fondo-fondo-fondo sabemos que deberíamos actuar de otra manera. O sea…lo que se suele llamar un autoengaño de toda la vida. La pregunta es…¿cuánto tiempo podemos aguantar así?.

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Esta “enfermedad” (por llamarle algo, aunque es una neura más bien) es algo propio de nuestros días, porque dudo bastante que en la época de nuestros abuelos pasase esto. Es más, te dirían “si no tienes que hacer, te pongo a trabajar rápido“.

Aunque me da que nuestros antepasados estaban más bien preocupados por buscarse la vida como pudiesen y no tendrían marcado ¿¿¿por la sociedad??? que para realizarse completamente tendrían que ser buenos estudiantes, acabar con éxito la carrera universitaria, comprar piso o casa, o piso y casa (con piscina a poder ser), emparejarse, tener hijos, conseguir el trabajo de tus sueños, viajar por todo el mundo, estar en forma, tener un cuerpo diez, colaborar con una ONG, saber cocinar, saber varios idiomas, ser activo en las redes sociales, ver en el cine los últimos estrenos…¡si es que me canso sólo de escribirlo!. ¡Cómo nos vamos a aburrir así!

Por cierto, ¿quién decidió que la vida tenía que ser así? Y si no es así…¿qué pasa? ¿Nos echan del concurso? ¿De qué concurso? ¿En qué maldito momento la vida se convirtió en un stress constante y en una carrera hacia ninguna parte? Por cierto, ¿estamos compitiendo con alguien? Porque yo no tengo el más mínimo interés en hacerlo.

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Yo todos los días intento reservar mis “momentos de pasmar”. Pero…no nos confundamos. Porque yo no le llamo pasmar a estar tirada en el sofá sin hacer nada (eso no va conmigo), o viendo cualquier cosa en la tele. Para mi, son momentos donde hago lo que realmente me apetece aunque no sea nada que me vaya a producir un “beneficio futuro”.

Me explico, si salgo a correr, no lo hago por tener una mejor salud o adelgazar (que si lo consigo, pues oye, genial a mayores). Yo salgo a correr, porque simplemente me encanta salir a correr y disfruto haciéndolo. Y digo lo mismo de pasear, hacer senderismo, cocinar, bailar, poner diez veces seguida una canción que me encanta o leer. Y ya no digo nada de contemplar paisajes impresionantes o ver el mar, porque ahí si que puedes pasmar literalmente. O sea, que no es la actividad en sí, sino la actitud con la que la haces.

También incluyo aquí escribir mis posts en este blog, algo que siempre me ha parecido una actividad especialmente relajante, estimulante y sobre todo, creativo y personal. Para mí, el beneficio de escribir, es el hecho en sí mismo de escribir y todo lo que a mi me aporta de dar y ofrecer, al margen de que cualquier persona por el mundo pueda leer lo que escribes e incluso compartirlo…O no. Eso ya es libertad de cada uno.

Nos vemos prontito.

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#naturaleza #ocio #vacaciones #tiempolibre #mindfulness

¡Vaya castañazo!

A ver!!! Que levante la mano el primero que no se ha llevado algún castañazo en la vida!!! Veo pocas manos levantadas eh??? Es que el que más y el que menos, a todo el mundo le ha tocado lidiar en alguna ocasión, con alguna situación que preferiría haber evitado.

Castañita rica

Sin embargo hoy voy a hablar de las castañas “buenas”, jejeje. Es decir, de las que se comen. Aunque este otoño está dejando por el momento un tiempo bastante veraniego en Santiago (el conocido como “veroño”), a mi me encanta que me llegue el olor de las castañas asadas cuando voy por la calle abrigada hasta las orejas, en estos días grises y fríos tan habituales por mi querida tierra. Y ya no digamos, el instante en que agarras ese cucurucho de periódico que quema por momentos con las castañas sacadas literalmente de las brasas.

castana

Pero otro episodio curioso que nos deja la castaña es el momento de ir a recogerla. Mi padre, por ejemplo, tiene varios castaños y en mi familia es costumbre, llegada esta época del año, de quedar para ir al monte a recogerlas. Y no penséis que es tan fácil porque a veces hay que emprender una lucha titánica con el erizo que las envuelve porque no las suelta ni a la de tres.

Siempre se dice que para disfrutar del olor de una rosa, a veces te tienes que pinchar con sus espinas, pero yo añado que para coger una castaña, vas a tener que vértelas con esos erizos que funcionan como auténticos tanques acorazados pinchantes.

castanas

Recoger castañas del suelo, siempre que tu espalda te lo permita, es una actividad extremadamente gratificante. Aparte de hacerte con un alimento riquísimo, te permite desconectar y pasar una tarde divertida. Aprovecho para enseñaros alguno de los espantapájaros que hace mi padre con la misma dedicación y mimo con que cuida el monte y todos sus cultivos jejeje.

espantallo

Lo cierto es que vivir en Santiago de Compostela te permite lujos como agarrar el coche y estar completamente inmerso en el medio rural en poco más de un cuarto de hora.

Tenemos nuestra aldea a la vuelta de la esquina, un sitio al que el cuerpo te pide volver de vez en cuando para recordarte cuales son tus orígenes, que la naturaleza sigue sus propios ritmos y que respirar paz…¡es gratis! Como casi todo lo que suele merecer la pena en la vida. ¡Nos vemos!

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#castañas #naturaleza #ocio