Cicatrices

Lo mío con Víctor del Árbol fue amor a primera letra. O simplemente que la periodista (Ana Abelenda) escogió para titular su entrevista una frase que rompe con la artificial y mentirosa felicidad de las fotos colgadas en instagram o en cualquier otra red social.

“Me gusta la gente que tiene cicatrices”. Tan simples palabras para de un plumazo decir adios a los filtros, a las sonrisas forzadas y a las aventuras de escaparate. Y creo que – obviamente – no habla de las marcas físicas en el cuerpo, sino de otras heridas que se cargan en silencio o se ocultan tras una sonrisa amable y una caída de ojos.

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La entrevista se publicó a principios de año en un periódico gallego y aunque tengo que reconocer que no había leído nada de este autor, el titular ejerció tal atracción que tuve que leerla íntegra y de inmediato.

Y fue una sensación extraña. Un escritor que descubro al azar y al que me siento conectada como si fuésemos antiguos amigos. Tengo la sensación de que no siempre eliges el libro que quieres leer. A veces, es el destino el que te lo pone delante como por casualidad.

“Si vives de verdad, acabas sufriendo, huyes de certezas y seguridades, de la zona de confort, te atreves a ir lejos y el precio que pagas es alto. Y quedan esas cicatrices, que demuestran que al final, has vivido. A mi me gustan las personas que se mojan, que son las protagonistas de sus vidas, que se sienten heridas pero siguen luchando”.

Atrévete

Muchas veces he pensado en la importancia de atreverse. ¿De atreverse a que? Pues a hacer lo que a ti te llene. Y si me equivoco…pues es el precio que hay que pagar. Si la experiencia te hace crecer como persona…¿o nunca te ha pasado que lo que viviste como una desgracia con el paso del tiempo llegó a ser una bendición? El paso previo a un despertar, que no habría ocurrido de no ser por el error cometido.

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Y mira tú que en estas cavilaciones leo otra entrevista, en este caso del psicólogo Tomás Navarro y me encuentro otra frasecita de estas en el titular:  “No te avergüences de tus cicatrices: ¡embellécelas!”.

Y pasaba a explicar la técnica japonesa del “Kintsukoroi” (de la que ya hablé en otro post) y que consiste en recomponer una pieza de cerámica que se ha roto rellenando las grietas con polvo de oro.

Técnica, por cierto, que da título a uno de sus libros y que yo descubrí en una librería de Santiago (otra vez el destino me pone delante un libro que me llama).

La sabiduría está en los libros…y en lo vivido.

Libro que encierra la misma sabiduría de la que hablaba Víctor del Árbol: “Vivir es algo que está reservado sólo a los valientes, ya que implica tomar decisiones, vencer la comodidad y buscar el desarrollo y el crecimiento de manera activa. Cuando vivimos intensamente, corremos más riesgos y nos volvemos más frágiles”.

Entonces yo me pregunto…si personas como Víctor del Árbol o Tomás Navarro – a los que no tengo la fortuna de conocer personalmente – se presentan ante mi en forma de obra escrita ¿será que el destino me lo tenía preparado? ¿Será el ejemplo práctico de que cuando el alumno está preparado aparece el maestro? ¿O será una simple casualidad de la vida?.

No se. Seguiré viviendo de manera consciente para intentar encontrar respuesta si es que la hay. Pero…mientras… una amiga acaba de estar de cumpleaños y su regalo fue el libro de Víctor del Árbol “La víspera de casi todo“. Acompañada de postal con cita de Tomás Navarro escogida por mí jjajajajaj. ¡Lo bueno hay que difundirlo! Nos vemos pronto. Besos y abrazos.

¡Vive, joder, vive!

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#cicatrices #librosbuenos #vivejodervive

 

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Volver

Volver, con la frente marchita

las nieves del tiempo platearon mi sien

sentir que es un soplo la vida

que veinte años no es nada…

“Volver” de Carlos Gardel

Hola a todos!

Sí, varios meses y unas vacaciones después, he vuelto al blog. Como podéis ver, hoy me he levantado con el corazón porteño, soñando con volver algún día a Buenos Aires. Un deseo que se ha acrecentado después de la visita a Galicia de mi prima a la que ya echo de menos. ¡Qué gallego no tiene familiares en Argentina! Yo no podía ser menos.

A pesar de que mi familia y yo intentamos que recorriese al máximo la geografía gallega en tiempo record, mi incansable prima (que regresa entrenada para correr una maratón si quiere) tuvo oportunidad también para ilustrarme con una auténtica masterclass sobre como preparar un buen mate.

Y yo que pensaba que sería como una especie de infusión…¡Ja, ja y ja! Preparar mate es todo un arte y requiere, en pocas palabras… calentar primero el agua (sin que hierva), luego echar un poco con la “pava” sobre la “yerba” para que empiece a hacerse, apretar la “yerba” con la “bombilla”, luego ir echando más agua…para luego ir bebiendo uno tras otro compartiendo “bombilla” y sin olvidar el pequeño detalle de que tiene que echar el agua la persona que invita al mate…No puedo confirmar que ya domine la técnica, pero bueno, beber se bebe.

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Tengo que confesar que, de entrada, me sabía un poco amargo, pero a día de hoy estoy ya enganchada. No sólo a su sabor, sino a todo el ritual que lo acompaña. Si algún día vuelvo a Argentina pasaré el examen de “argentinidad” seguro jajaja. Y hay que aprovechar porque, como decía Carlos Gardel, es un soplo la vida…Y después de esto, supongo que sólo me queda apuntarme a clases de tango no??? No lo descarto!

Bendita rutina

Pero volviendo a mi realidad compostelana, yo soy de las que suele coger vacaciones en agosto, por lo que estos días ando adaptándome a la operación retorno.

Puedo decir con orgullo que soy de las afortunadas que no sufro ningún síndrome depresivo por volver a la vida laboral. Primero porque me considero tremendamente suertuda por tener un trabajo en esta época en la que tanto escasean los empleos, fundamentalmente los estables.

Pero también porque intento (en la medida de lo posible, claro), disfrutar con lo que hago, no sólo en el trabajo, sino en el resto del día. Si tengo que limpiar la casa, me pongo mi música favorita; si no llueve, aprovecho para salir a correr; si el tiempo no acompaña miro recetas de cocina en internet y luego voy al super para comprar los ingredientes que me hagan falta para prepararme algo rico ( y a poder ser sano) o leo un libro, o me pongo a actualizar el blog, o lo que me apetezca.

Vive el momento

Como me dijo una amiga a la que quiero muchísimo (y que se reirá cuando lea esto) “No se puede esperar a mañana para ser feliz. Hay que ser feliz hoy“. A lo que yo añado: ni se puede esperar al fin de semana, ni a las vacaciones, ni a cuando me jubile, ni a cuando tenga dinero, ni a cuando los niños sean mayores, ni a cuando…(cada uno que ponga su razón). Más que nada porque ninguno de nosotros tiene el futuro asegurado, ni el levantarse mañana (aunque vivamos de espaldas a ello) por lo que cada día es una nueva oportunidad de encarar la vida con la mejor de las actitudes y una sonrisa de oreja a oreja.

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Y no, no vivo en las nubes. Sé que puedes pensar que la vida es muchas veces injusta (lo es) y que hay situaciones muy dolorosas que a menudo te impiden hacer lo que realmente desearías: una enfermedad propia o de una persona próxima, una pérdida sentimental o cualquier otro varapalo vital.

Pero aún en esas circunstancias adversas, cuando todo se ve muy negro, puedes elegir centrar tu atención y tus pensamientos en agradecer lo que sí tienes y en lo que sí funciona en vez de ver continuamente la botella medio vacía. Y si está medio vacía, quizás es responsabilidad tuya volver a llenarla y no vivir en la queja permanente. Pero claro, protestar es fácil y cómodo; intentar cambiar lo que no te gusta cuesta más y genera miedos.

Nos vemos prontito!!

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#volver #argentina #vueltaaltrabajo

 

 

 

 

Pasmando

Hola!!!

Sí. Aquí sigo. Se que he tardado bastante es escribir desde el último post, pero es que he estado atareadísima en mi tiempo libre haciendo…mmmm….¡nada planificado! jajajaja. Pero nada de nada. Cero. Nothing de nothing. Como se suele decir habitualmente, tirada a la bartola, o como dice mi madre…¡pasmando!.

¡Y qué bien sienta! Se lo recomiendo a todo el mundo. Y no sé porque me da, que cada vez lo hacemos menos, víctimas de una especie de culpabilidad por no pasarnos el día realizando actividades productivas. Como sigamos así, vamos a acabar prohibiendo por ley el aburrimiento…¡cuando debería ser un derecho!.

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Hace unos días, leí un reportaje sobre el agobio que le produce a algunas personas estar de vacaciones, o que llegue el fin de semana, por no saber de antemano qué hacer con su tiempo libre. Según el reportaje, estas personas necesitan tener planificado, incluso con días de antelación, lo que van a hacer cuando llegue el sábado o el domingo, porque en caso contrario sienten una especie de vacío existencial.

Yo he estado pensando sobre ello y no creo que esta planificación se deba a un vacío existencial, sino al miedo a tener tiempo para reflexionar sobre una situación personal que no nos gusta (aunque esto no lo ponía el reportaje). Y, claro, pasa lo de siempre, en vez de ponernos manos a la obra para intentar cambiar eso que no nos gusta,  distraemos la mente para no pensar sobre ello; así evitas salir de tu zona de confort (que implica mucho valor y esfuerzo) y vivimos más cómodos. Aunque más infelices, porque en el fondo-fondo-fondo sabemos que deberíamos actuar de otra manera. O sea…lo que se suele llamar un autoengaño de toda la vida. La pregunta es…¿cuánto tiempo podemos aguantar así?.

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Esta “enfermedad” (por llamarle algo, aunque es una neura más bien) es algo propio de nuestros días, porque dudo bastante que en la época de nuestros abuelos pasase esto. Es más, te dirían “si no tienes que hacer, te pongo a trabajar rápido“.

Aunque me da que nuestros antepasados estaban más bien preocupados por buscarse la vida como pudiesen y no tendrían marcado ¿¿¿por la sociedad??? que para realizarse completamente tendrían que ser buenos estudiantes, acabar con éxito la carrera universitaria, comprar piso o casa, o piso y casa (con piscina a poder ser), emparejarse, tener hijos, conseguir el trabajo de tus sueños, viajar por todo el mundo, estar en forma, tener un cuerpo diez, colaborar con una ONG, saber cocinar, saber varios idiomas, ser activo en las redes sociales, ver en el cine los últimos estrenos…¡si es que me canso sólo de escribirlo!. ¡Cómo nos vamos a aburrir así!

Por cierto, ¿quién decidió que la vida tenía que ser así? Y si no es así…¿qué pasa? ¿Nos echan del concurso? ¿De qué concurso? ¿En qué maldito momento la vida se convirtió en un stress constante y en una carrera hacia ninguna parte? Por cierto, ¿estamos compitiendo con alguien? Porque yo no tengo el más mínimo interés en hacerlo.

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Yo todos los días intento reservar mis “momentos de pasmar”. Pero…no nos confundamos. Porque yo no le llamo pasmar a estar tirada en el sofá sin hacer nada (eso no va conmigo), o viendo cualquier cosa en la tele. Para mi, son momentos donde hago lo que realmente me apetece aunque no sea nada que me vaya a producir un “beneficio futuro”.

Me explico, si salgo a correr, no lo hago por tener una mejor salud o adelgazar (que si lo consigo, pues oye, genial a mayores). Yo salgo a correr, porque simplemente me encanta salir a correr y disfruto haciéndolo. Y digo lo mismo de pasear, hacer senderismo, cocinar, bailar, poner diez veces seguida una canción que me encanta o leer. Y ya no digo nada de contemplar paisajes impresionantes o ver el mar, porque ahí si que puedes pasmar literalmente. O sea, que no es la actividad en sí, sino la actitud con la que la haces.

También incluyo aquí escribir mis posts en este blog, algo que siempre me ha parecido una actividad especialmente relajante, estimulante y sobre todo, creativo y personal. Para mí, el beneficio de escribir, es el hecho en sí mismo de escribir y todo lo que a mi me aporta de dar y ofrecer, al margen de que cualquier persona por el mundo pueda leer lo que escribes e incluso compartirlo…O no. Eso ya es libertad de cada uno.

Nos vemos prontito.

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#naturaleza #ocio #vacaciones #tiempolibre #mindfulness

Si Leonardo da Vinci levantase la cabeza

Hola a todos!

Creo que pocas personas ha habido en la historia de la humanidad que puedan  ser denominadas “todólogas”, es decir, que destacan en todo lo que hacen.

Pero si hay una muy destacada (haciendo gala de ser el auténtico hombre del Renacimiento) es Leonardo da Vinci.

“Todo nuestro conocimiento brota de nuestra sensibilidad”

Y llegados a este punto, no me resisto a copiar la definicion de la wikipedia. ¡Es que me alucina!. “Fue a la vez pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista”. ¡Toma ya! Como cualquier persona jajajaj. Y yo añadiría otra frase a esta definición: destacando, además, en todos y cada uno de estos ámbitos.

Tengo una amiga que dice que cada vez que oye hablar de Leonardo se siente acomplejada, como que se ve poca cosa. Yo lo que siento, sin embargo, es una tremenda admiración hacia este personaje histórico que, a mi entender, debería ser referencial para todos nosotros.

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En un reciente viaje por Francia, tuve la oportunidad de parar en Amboise, localidad donde está enterrado este genio, tras pasar sus tres últimos años de vida en el chateau du Clos-Lucé, invitado por el rey Francisco I. El monarca lo reconoció (esto me encanta) como “primer pintor, arquitecto e ingeniero del rey”.

Estamos hablando del período comprendido entre los años 1516 y 1519. Con da Vinci se fueron para Francia tres de sus obras más relevantes, El San Juan Bautista, la Virgen el Niño y Santa Ana y ¡como no! la Gioconda.

¿Qué tendrá la Mona Lisa?

Eso me pregunto yo. ¿Qué tendrá? ¿porqué es tan enigmática esa sonrisa cautivadora? El original está hoy en el museo del Louvre en París…normalmente detrás de una barrera de turistas que intentan descubrir en persona porqué esta obra es tan sumamente famosa.

Las teorías son múltiples: desde que es la perfecta combinación entre lo masculino y la femenino, que guarda un secreto, que es un retrato del propio da Vinci…en fin, cada uno que elija la que más le convenza.

Ahí estoy yo delante de una copia del cuadro que hay en el salón renacentista de Clos-Lucé.

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El castillo de Clos-Lucé te permite adentrarte un poco en la mentalidad del genio da Vinci, así como conocer alguno de los inventos de este auténtico adelantado a su tiempo y que IBM ha realizado según los bocetos de Leonardo.

Allí dejo también su legado más espiritual y filosófico, con una recopilación de citas que constituyen un impresionante testimonio para las futuras generaciones. Yo las leo y me encantan todas. Os dejo algunas: “Quien camina derecho, dificilmente cae”, “quien no castiga el mal, ordena que se haga”, “no puede haber dominio más pequeño, ni dominio más grande que el que se tiene sobre sí mismo”, “¿quien puede parar el odio? sólo el Amor” o (una de mis favoritas) “reprende al amigo en secreto y alábale en público”.

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Y tampoco se me escapa la parte más misteriosa de da Vinci. Esa que lo ha convertido en obsesión de estudiosos que buscan mensajes ocultos en sus obras por su supuesta pertenencia a organizaciones secretas, como dejo plasmado Dan Brown en “El código da Vinci”.

“Estudia la Ciencia del Arte y el Arte de la Ciencia”

Y ante esta multitud de facetas que nos regala Leonardo, yo no puedo evitar preguntarme: si lo analizásemos desde nuestro actual sistema educativo, ¿sería más de ciencias o más de letras? Lo digo por la elección a la que te ves obligado en determinado momento  cuando tienes que “decidir” tu futuro, aunque luego acabes trabajando de algo que no tiene nada que ver con aquello que has estudiado. ¿Fue mejor inventor, científico o pintor? ¿No será un poco absurda esta clasificación? ¿Por qué tenemos que elegir? Yo no quiero elegir. ¿No puede ser que cualquier aprendizaje te interese?

Yo recuerdo además que en mis años de instituto, ser de ciencias o de letras era considerado por algunos mucho más que elegir unas simples asignaturas. Parecía más bien que te definía como persona. Con puro tópico, claro, porque de realidad más bien poco. Si eras un bohemio soñador elegirías las letras y si tenías una privilegiada mente matemática, las ciencias. Incluso he oído comentarios del tipo “a mi no me pidas escribir bonito porque soy de ciencias”. ¡Cómo si existiese algún tipo de relación entre lo que eliges estudiar y tu inteligencia! Es más, ¡cómo si existiese alguna relación entre tener estudios académicos y la inteligencia! ¿Qué es además la inteligencia? ¿saber muchas cosas?

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Con el paso de los años he descubierto que la única inteligencia que me interesa es la emocional, el conocimiento de uno mismo, atreverte a vivir a tu manera, mantenerte rodeado de personas que saquen lo mejor de ti y decir adios sin despedirte a los comportamientos tóxicos que detectes a tu alrededor. ¡Ah! Y la mayor de las habilidades: saber fluir con la vida, celebrando los buenos momentos y remontando los retos.

Es lo que yo pienso, pero claro, como yo elegí letras…¡vete tú a saber! jajajajaj.  Y eso que también me gustaban mucho las ciencias pero…elegí letras. ¿Hice bien? Yo creo que sí, porque disfruto con mi día a día y esa es mi mejor recompensa. Aunque también me considero una eterna alumna y una eterna aprendiz…dispuesta a sorprenderme con todo lo que despierte mi interés. Es el caso de Leonardo da Vinci. El hombre que era de ciencias y de letras al mismo tiempo. La totalidad. El yin y el yang. El que nos reveló su sentido de la vida.

“No hay que llamar riquezas a las cosas que se pueden perder. La virtud es nuestro verdadero bien y la verdadera recompensa de quien la posee”.

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#LeonardodaVinci #Gioconda #inteligenciaemocional

 

¿Qué hago, qué hago?

Imagínate protagonizando la película y de ti depende el futuro del planeta. Tienes que desactivar el explosivo…¡nervios! ¡tensión!…debes decidir si cortas el cable verde o el cable rojo y muy poco tiempo para pensarlo. Hay que tomar una decisión y ¡tiene que ser la correcta! Porque si eleges la opción equivocada…¡estás perdido!

La pregunta es: cuando debemos elegir entre dos opciones, ¿siempre hay una buena y una mala? ¿no pueden ser las dos buenas? ¿o las dos malas? ¿o ni fu ni fa? Si te ofrecen un cambio de trabajo en otra ciudad o en otro país, ¿te irías? ¿qué sería lo crucial para ti? Y no te digo ya, si hablamos de cuestiones vitales más trascendentales como por ejemplo, seguir o no adelante con una relación, independizarte del nido familiar…etc. etc…cada persona que rellene o escoja decisiones que para ella fueron importantes en la vida y que le costó adoptar porque en todas las opciones había pros y contras.

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Pues estaba yo pensando en este post, cuando de repente aterrizó en mis manos el libro “Comprometida” de Elizabeth Gilbert, en el que la autora empieza a buscar razones para casarse o no de nuevo con su actual pareja tras haber pasado por un divorcio muy doloroso. Si, sí, Elizabeth Gilbert es la autora del superventas “Come, reza, ama”, de la que hay versión en película protagonizada por Julia Roberts.

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Pues este es el párrafo del libro que he rescatado para el post y que yo creo que da en el clavo:

“En un mundo de posibilidades tan variadas, la indecisión nos puede dejar paralizados. Quizá interrumpamos el viaje de nuestra vida una y otra vez, regresando para abrir las puertas que despreciamos la primera vez, en un intento desesperado de acertar por fin. O quizá nos dediquemos a la comparación compulsiva, midiendo nuestra vida siempre frente a las vidas de los demás, planteándonos en secreto si deberíamos haber hecho las cosas como ellos. (…) Todas estas posibilidades y deseos pueden producirnos una enorme angustia, como si el espíritu siniestro de las opciones descartadas nos persiguiera, preguntándonos sin parar ¿seguro que era esto lo que querías?. Y esa pregunta, nos tortura especialmente durante un matrimonio, precisamente por lo mucho que nos hemos jugado al elegir a nuestro cónyuge”.

No hay mejor universal

Cuando tomas una decisión, yo creo que lo primero que debes pensar es ¿qué es lo más adecuado para mí? Pero para mí, como persona única en el mundo, no para alguna especie de “mujer prototipo” que en determinadas circunstancias tiene que elegir una opción porque…”es lo que se supone que hay que hacer”.

Hay decisiones que son fáciles, pero otras no tanto. Y la osadía de ser diferente o de hacer algo que no todo el mundo comparte supone al final llevar las riendas de tu propia vida. Y eso no hay dinero que lo pague en el mundo.

Yo intento siempre partir de una premisa: “no hay mejor” que nada ni que nadie. Sólo caminos diferentes. Y nadie sabe lo que le va a deparar el futuro.

Por cierto…¡es increíble lo que alegran las flores en un día soleado! Toda estación tiene su encanto, pero la primavera es, sin duda, la más jovial. ¡Disfrútala!

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#decisionescomplicadas #matrimonio #elegirundestino

Tras la tempestad

Hola!!!

No sé si os ha tocado recientemente vivir algún temporal, pero aquí por mi querida tierra gallega llevamos unos días encadenando uno tras otro.

Puesto en imágenes, son árboles arrancados de raíz cruzando carreteras, olas de más de diez metros en el mar, destrozos en edificios y coches, cortes en el suministro eléctrico…etc, etc.

Al otro lado del cristal

Cuando llega un ciclón de esta magnitud, te sientes una hormiguita y agradeces tener una casa en la que refugiarte y desde la que ver la tormenta. Eso sí, desde el otro lado del cristal y con una infusión calentita en la mano. O mejor aún, debajo de la manta y leyendo un buen libro.

paraguas

Los temporales son recordatorios de que la naturaleza es siempre más fuerte que tú y de que su poder puede ser literalmente arrollador.

Cuando el viento lo barre todo

Hoy sigue lloviendo pero, el viento ha cesado. Un viento que días atrás no se podría ver pero…¡vaya si se oía!. Soplaba a un volumen de atemorizar y los daños posteriores demostraron que sobraban razones para tenerle miedo. Ahora toca reparar los destrozos… los que sean reparables, claro.

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Pero hay más furias que la del viento y sus efectos pueden ser igual de devastadores o incluso peores…porque los daños invisibles que quedan en el alma a veces no tienen cura.

Piensa en esos ataques de ira que acaban en gritos, descalificaciones y…¿quién sabe que más? Luego puede recuperarse el tono amistoso y coloquial, pero lo dicho y gritado, dicho y gritado queda. No es cierto que las palabras se las lleve el viento. Ni aunque venga una ciclogénesis explosiva.

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#temporal #ira

Mi tristeza y yo

Uhhh! Aquí estoy de nuevo!

No os dejéis engañar por el título porque ni estoy triste ni voy a hacer un post para que lloremos todos un poco. Aunque tampoco me duelen prendas en reconocer que sí estoy triste algunos días. Como todo el mundo, me imagino. Si no, más que seres humanos seríamos piedras y yo no tengo ningún interés en ser una piedra.

Alegría y tristeza. Lo quiero todo.

¿Y por qué voy a hablar de la tristeza, entonces, que tan mala prensa tiene y que nadie quiere para sí? Pues, porque hace unos días descubrí una de las descripciones más bonitas, originales y creativas que haya leído nunca. Se encuentra en el libro “Olvidado Rey Gudú” de Ana María Matute.

En un contexto que mezcla realidad  y fantasía, a una amante se le propone prescindir de la memoria al no poder dejar de sufrir por su amad0 ausente…

“Pero se me ocurre que si en vez de ella te arranco la memoria, olvidarás el objeto del nefasto amor y, por tanto, tu dolor se mitigará. (…) Aléjate, aléjate, Ondina querida, que tu dolor es un dolor olvidado.

Ondina obedeció blandamente, y se alejó en el agua. Ya no recordaba a Predilecto, pero la melancolía anidaba en sus ojos y en sus labios.(…)

No lo recuerda y, por tanto, su amor tampoco la hiere como antes. Pero ahí está aún la raíz y desde hoy Ondina flotará por todas las orillas del agua, convertida en la tristeza. (…) A veces, se adentrará con la bruma hasta las moradas de los hombres, penetrará con la sal en su lengua y sus palabras, invadirá con su aroma mentes y corazones. Pero esta enfermedad es tan común como el odio, la venganza o la ambición, o como el amor mismo.(…)

Desde entonces, a veces llega hasta el corazón de los humanos un sentimiento extraño: recuerdo, melancolía o deseo. Es Ondina, aunque ellos no lo saben, que ronda sin descanso por playas y litorales”.

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Volviendo al mundo real, yo creo que estar triste es algo circunstancial y normal. Sin dramas. Sólo parte del ciclo de la vida en constante evolución y cambio. El yin-yang. A veces estás en la parte blanca y a veces en la negra. Todo llega, todo cambia y todo pasa.

Lo que sí puede ser perjudicial es el estancamiento o negarse a dar pasos porque es más cómodo el victimismo teatrero que facilite cierto grado de atención.

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Como suele ser habitual, lo más sano es siempre buscar un equilibrio, aceptar (que no resignarse) a ver la vida como es y sobre todo ser sincero contigo mismo. Y si estás triste, ¡pues estás triste! Así valorarás más la alegría cuando llegue. Que llegará. Porque alegría y tristeza no son contrarios, sino complementarios. Como lo dulce y lo amargo. Como el día y la noche. Observemos desde la totalidad.

¿Y que pasa si la tristeza pasa?

Y me despido con una de las genialidades del artista Mario San Miguel.

“Toca desvestir la mentira de ciertos estados. La tristeza, por ejemplo. Ser, no cerebrar. Lo diré de otro modo usando la literatura: ¿y que pasa si la tristeza pasa?. Si pasa…se le saluda. Si pasa que no te pese. Si la tristeza pasa que no se pose mucho…ni tu, gilipollas, le montes un piso. Que se la lleve quien la puso…que normalmente suele ser uno. Que no te deje poso que si no te pisa. Si la tristeza pasa…que llegue, que la veamos y que se vaya.(…)

Cuando aparece la tristeza siempre decimos: lo mal que se pasa, lo mal que se pasa, lo mal que se pasa. Y esta frase se divide en dos: “lo mal” y “que se pasa”. ¿Con cuál de ellas te quieres quedar? ¿Con cuál sueles quedarte?”.

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#pazinterior #tristeza #mindfulness #sentimientos